¡Síguenos!
TwittearVisitas: 191
Trump, Groenlandia y aranceles concentran la presión diplomática en Suiza.
Mandatarios y altos funcionarios de todo el mundo se preparan para el inicio del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas y económicas que preceden al encuentro anual en los Alpes suizos.
El martes, líderes europeos emitieron advertencias severas mientras los participantes del foro abordaban la crisis de Groenlandia y la creciente inquietud por el comercio global. En ese marco, el gobernador de California, Gavin Newsom, lanzó críticas abiertas contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con un tono inusualmente directo.
La reunión se desarrolla mientras Trump mantiene la presión para la adquisición de Groenlandia y la imposición de aranceles comerciales, factores que han elevado la fricción entre aliados occidentales.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien utilizó gafas de sol debido a una infección ocular, alertó sobre un “nuevo enfoque colonial” que, dijo, amenaza décadas de cooperación internacional. Más tarde advirtió sobre un escenario global “sin reglas”, donde el derecho internacional es desplazado por la ley del más fuerte y resurgen ambiciones imperiales.
A la entrada del foro, Newsom fue aún más contundente. Llamó a los líderes europeos a dejar de ser “cómplices” y a mostrar carácter frente a Trump. Cuestionó la diplomacia tradicional y afirmó que el mandatario estadounidense “te devora” si no se le enfrenta con firmeza.
Por su parte, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, pidió a las economías medianas reforzar la cooperación multilateral mediante una “densa red de conexiones”. Advirtió que, si no participan en la toma de decisiones globales, “serán el plato principal”. Carney expresó su respaldo explícito a Groenlandia y Dinamarca, rechazando cualquier intento de expansión territorial en el Ártico.
Ante la ausencia de Trump hasta el miércoles, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, defendió la postura estadounidense. Llamó a “calmar la histeria”, subrayó la vigencia de la OTAN y reconoció desacuerdos con Europa sobre el futuro de Groenlandia, sin romper la alianza estratégica.


