¡Síguenos!En Colombia, resurgen cuestionamientos sobre la futura administración pese al cierre institucional del escrutinio.
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Perú y Colombia mantienen disputas políticas tras cerrados balotajes presidenciales oficialmente concluidos
Los recientes balotajes presidenciales en Perú y Colombia, definidos por márgenes muy estrechos, continúan generando tensiones políticas aun cuando los procesos electorales concluyeron formalmente. En ambos casos, el cierre institucional de las elecciones no ha significado el fin de la confrontación política, que ahora se traslada a nuevos escenarios.
En Perú, el escrutinio oficial concluyó con la victoria de Keiko Fujimori por 49 mil 641 votos, mientras que la proclamación del Jurado Nacional de Elecciones permanece prevista para el 3 de julio. Sin embargo, el candidato derrotado, Roberto Sánchez, reiteró su rechazo a los resultados.
Este martes anunció que presentará un recurso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), al denunciar una "grave afectación al proceso electoral" y cuestionar los cambios aplicados a las reglas del voto en el exterior durante la segunda vuelta. Asimismo, sostuvo que no reconocerá el gobierno de Keiko Fujimori, trasladando el diferendo desde el ámbito estrictamente electoral hacia el escenario internacional.
En Colombia, aunque Iván Cepeda reconoció inicialmente el triunfo de Abelardo de la Espriella tras el escrutinio oficial, este martes volvió a endurecer su postura. El político exigió que el presidente electo renuncie a su ciudadanía estadounidense antes de asumir el cargo el próximo 7 de agosto y advirtió que, de no hacerlo, impulsará una campaña de "desobediencia civil pacífica", al considerar que existiría un problema de legalidad y soberanía.
La respuesta llegó por parte del futuro ministro del Interior, Rodrigo Lara, quien afirmó que Cepeda "debe ceñirse a la Constitución y la ley", al recordar que la voluntad expresada por los colombianos en las urnas debe ser respetada.
Aunque en Perú y Colombia los procesos electorales concluyeron institucionalmente, la disputa política permanece abierta. Mientras Perú enfrenta la internacionalización del conflicto mediante recursos ante instancias interamericanas de derechos humanos, en Colombia el debate se concentra en la legitimidad política y constitucional del próximo gobierno. Ambos casos reflejan las dificultades que enfrentan las democracias altamente polarizadas para cerrar plenamente elecciones definidas por diferencias mínimas.


