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La presidencia de Somalia en el Consejo de Seguridad de la ONU activó este lunes un debate abierto de alto nivel para evaluar el estado de derecho internacional ante un contexto marcado por guerras persistentes, pérdida de confianza institucional y tensiones geopolíticas acumuladas.
El encuentro se desarrolló en el marco del 80 aniversario de la Carta de las Naciones Unidas y subrayó que el derecho internacional constituye una herramienta práctica para garantizar igualdad soberana, justicia y estabilidad. El texto distribuido a los Estados Miembros señaló que su debilitamiento afecta de forma directa a países con historias de colonialismo y conflicto armado.
La discusión también puso bajo escrutinio la parálisis del Consejo de Seguridad, el uso recurrente del veto y la percepción de una aplicación desigual de las normas internacionales. Según el planteamiento somalí, la erosión del orden jurídico global se agrava con violaciones sistemáticas al derecho internacional humanitario y con respuestas multilaterales fragmentadas.
En un escenario paralelo, Donald Trump presentó en Davos una Junta de Paz diseñada desde Estados Unidos, con vocación internacional y un esquema de liderazgo concentrado. El mandatario asumió el rol de presidente inaugural, con control sobre invitaciones, estructura interna y eventual sucesión.
La iniciativa amplió su alcance más allá de Gaza y estableció criterios de membresía selectivos, incluyendo aportaciones económicas elevadas, lo que generó reservas entre gobiernos que advierten riesgos para el principio de igualdad entre Estados.
Mientras la ONU debatió previsibilidad y legitimidad institucional, el foro de Davos priorizó eficacia, autoridad y resultados inmediatos. La coyuntura dejó expuesta una disputa central: si la paz global se construye desde instituciones compartidas o desde la voluntad concentrada de un solo poder.


