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La inflación anual en México se ubicó en 4.11% durante la primera quincena de mayo, en un entorno donde los precios mantienen presión constante sobre el consumo cotidiano y el poder adquisitivo de millones de familias mexicanas.
El dato estuvo integrado por una inflación subyacente —que contempla mercancías y servicios— de 4.22%, mientras que la inflación no subyacente, relacionada con productos agropecuarios, energéticos y tarifas públicas, alcanzó 3.73%.
Aunque algunos sectores consideran que existe una moderación inflacionaria, distintos análisis señalan que los resultados todavía reflejan tensiones persistentes dentro de la economía nacional. Entre las principales observaciones destaca que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) podría mantenerse técnicamente estable, pero con ponderadores que no necesariamente representan el gasto real de los hogares mexicanos.
También se advierte que el actual entorno de desaceleración económica ha contribuido a contener una presión inflacionaria aún mayor. A esto se suma que el componente agropecuario explicó buena parte de la reciente disminución observada en la inflación general.
En contraste, la inflación vinculada a energéticos mostró una aceleración hasta 1.06%, aunque todavía dentro de niveles considerados controlados.
El comportamiento acumulado mantiene señales relevantes para el mercado y los consumidores. La inflación general suma ya seis quincenas consecutivas por encima del 4% anual, mientras que la inflación subyacente acumula 24 quincenas arriba de ese nivel, reflejando una persistencia prolongada en los precios de bienes y servicios esenciales.



